divendres, 5 de juliol de 2013

"El implacable detective Morrison"- Capitulo 10 "El cagarro de la marquesa"- Pep Roig



 La marquesa de Fontpardalaes, además de por su rango social, era famosa por su belleza, elegancia y cierto grado de educación cultural. Por eso, al detective Morrison le pareció que no había entendido bien el nombre de la persona que le estaba llamando por teléfono para requerir sus servicios, y tuvo que rogarle que se lo confirmara

 -Debo ser discreta, por eso tendrá que venir usted a mi casa para que le explique mi problema; no puedo exponerme a que alguien grabe nuestra conversación por teléfono y la utilice en mi contra- se justificó la marquesa.

 En menos de una hora estaba Morrison en el hall del palacete de su clienta, y a los pocos minutos fue recibió en el gabinete particular de la señora, una especie de despacho de lujo contenido, muy acorde con la personalidad de la dueña. Tras el protocolario y cortés saludo, y sin dilación, la marquesa expuso su problema.

 -Estoy siendo víctima de un complot-  dijo con severa seguridad.

 Para demostrar su sentencia, conminó al detective a que la siguiera hasta el cuarto de baño. "Para demostrarle que no son imaginaciones mías", dijo levantando la tapa del inodoro.

-Observe eso; no puedo haber sido yo; alguien lo ha introducido de alguna manera que me es imposible imaginar, porque todo el personal a mi servicio es de la más absoluta confianza.

El detective arqueó sus cejas por el asombro que le produjo observar tan enorme cagarro, una especie de obús de una sola pieza. "Confío en usted y su discreción", dijo ella con sincera seguridad.

Morrison, comprendiendo la tribulación de la dama, decidió acometer enseguida la investigación a sabiendas de que de cualquier manera resultaría incómoda para todos. 

 -Debe de confiar en mi, si quiere que prosiga. Y le advierto de que no será muy cómodo para ambos; pero no estoy dispuesto a concesiones. Todo lo que le proponga debe hacerse sin discusión, de lo contrario será mejor que busque a otro.

   La marquesa no dudó: "Estoy dispuesta a todo con tal de averiguar qué está sucediendo y quien puede ser el traidor".

  Para Morrison, lo importante era afrontar lo que  intuía iba a ser el mayor problema.
-Debo hacer algunas mediciones para ir descartando o tener en cuenta la cuestión de la probabilidad. Me veo obligado a revisar su ano y comprobar las posibilidades de dilatación, con respecto a la pieza hallada en su sanitario. 

-Proceda usted, aunque le advierto de que estoy plenamente convencida de que ese artefacto no ha salido de mi cuerpo; se lo digo por  experiencia pues desde siempre hago mis deposiciones de acuerdo con mi rango, es decir, con las proporciones, forma y peso conforme a mi condición de noble.

 Con una cinta métrica midió la longitud y con un pie de rey el grosos del artefacto que continuaba semisumergido al fondo del recipiente cerámico pues la dimensión era tal que el agua no podía cubrirlo en su totalidad. A continuación procedió en el  orificio marquesal.
 -Avise si le hago daño.
 Pero Morrison puso el mayor empeño en ejercitar con delicadeza extrema, por lo que no hubo lamento alguno.
 -¿Qué opina? ¿Cree que ha habido complot?
-Es pronto para dar un veredicto. Tengo que seguir investigando; y para ello necesito su más absoluta comprensión y colaboración. Debe confiar en que solo me motiva mi celo profesional, de ninguna manera el morbo ni las ganas de hacerle la vida imposible. Le parecerá insólita mi propuesta, pero también lo es el caso.

 La marquesa no dudó en expresarle su absoluta confianza, puesto que lo que le obsesionaba era resolver la incógnita de la autoría del zurullo,  el malhechor que lo introdujo en la taza, cómo se las había apañado y si el supuesto furtivo tenía cómplices entre el personal al servicio de la casa.

 -El plan es el siguiente: Como no tengo duda de que es usted una persona metódica, seguro que su cuerpo funciona como un mecanismo de precisión y, por tanto, también es así en sus funciones vitales. Fijaremos una estrecha franja horaria para establecer el turno de vigilancia, con un margen de media hora, antes y después del horario normalizado para sus deposiciones diarias. Media hora antes, yo me introduciré en el cuarto de baño y permaneceré escondido en el armario. Utilizaré dos cámaras de video. Una manual, que la portaré yo, y otro de minúsculas dimensiones, que colocaré en un lugar estratégico en el fondo del inodoro, que será la que grabará todo cuanto salga de su cuerpo y, también, cualquier otra acción que se produzca dentro del depósito antes o después de su sentada. No habrá copias. Las grabaciones serán destruidas una vez hayamos analizado el resultado. 
  Así se hizo, con resultado inmediato para desconsuelo de la marquesa, quien pudo comprobar que no había complot ni traición alguna, porque las imágenes mostraron, sin duda alguna, como aquel enorme “zépelín” saludaba y se desplazaba a partir del noble y flexible orificio de la noble.
  -No sé por qué se aflige usted. La pieza que le causa alarma y que considera en desacuerdo a su rango, no es tal. Piense que ha logrado la perfección y que sus boñigas demuestran que usted es una persona sana, que se alimenta equilibradamente y sin dejarse influir por las modas o la publicidad. Más que esconder su producto, debería mostrarlo a la opinión pública como ejemplo de que la nobleza está para algo más que para lucir su título.

Las palabras de Morrisson produjeron un efecto contundente en el sentir de la marquesa. En poco más de un mes, el noble zurullo fue presentado en sociedad y mostrado a los medios de comunicación bien instalado en el interior de una urna de cristal tallado para tal efecto, al tiempo que un escultor de renombre creaba un monolito rotatorio de diez metros de altura, a imagen y semejanza de la marquesada mierda, que posteriormente fue instalada en un espacio principal de los jardines del palacio, al borde del acantilado junto al mar, haciendo las veces de faro nocturno, con la instalación de las pertinentes lamparas, con lo que incrementó las posibilidades de servicio de la mierda de la cada vez más orgullosa marquesa.

 El monumento fue inaugurado con toda solemnidad en el transcurso del acto social al que asistieron los reyes, representantes del gobierno, lo más selecto de la nobleza internacional y representates del mundo empresarial, la banca y la cultura. Al mismo  tiempo los habitantes del pueblo de Fontpardalaes del Marqués, sede del marquesado, celebró unos festejos populares en cuyos actos destacaba el cambio del toponímio por el de Fontpardales del Cagarro de la Marquesa. Casi no es preciso señalar que también el escudo del marquesado sufrió cambios, con el añadido del "monolito excremental" como símbolo principal y proeza histórica, ya que ningún otro hecho destacable se podía consignar en el marquesado, ni una triste batalla, solo la descomunal deyección.

 La noticia ocupó grandes espacios en la prensa y los noticiarios de importantes cadenas de televisión de ámbito nacional e internacional, lo que propició una inesperada publicidad que atrajo a miles de turistas deseosos de ver el fenómeno, o  conocer el lugar, la vida y las costumbres de su gente. También convocó a miles de restreñidos, tras difundirse el rumor de que en la región todo el mundo cagaba puntualmente todos los días, no se sabía bien si gracias a sus aguas, su aire, su alimentación o por alguna otra causa misteriosa que les libraba de los males de vientre y les causaba la felicidad.

 Por cierto, al detective Morrisson le fue imposible cobrar su trabajo y ni siquiera fue invitado a la fiesta. Un juez dictó una orden de alejamiento por la cual el detective no podía acercarse a más de diez kilómetros de la casa o el pueblo de la marquesa.

 “Tampoco pensaba ir”, pensaba Morrison.


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